A mis nuev@s colegas estudiantes de psicología

Lo primero es lo primero: muchas felicidades. Han elegido, más que una profesión, una visión de mundo. Hoy inicia un camino que no tendrá final, si es que realmente entienden la responsabilidad que asumieron. El oficio de la psicología clínica -y otros ámbitos de intervención- requiere de los que se comprometen en su estudio un impulso de formación diaria, constante. El buen psicólogo es el que nunca “supera” su estado de estudiante.

Habrán elegido una facultad luego de haber visitado varias -eso espero-, así que lo que hoy inician está enmarcado en una particular forma de concebir la psicología. Sí, “una” forma, de varias posibles. No existe algo así como LA psicología. Existen diversas visiones sobre un mismo objeto de estudio: el ser humano. Somos parte de un edificio teórico-práctico en el que lo importante, lo esencial es el humano, no sus síntomas. El ser humano es el inicio y el fin de las psicologías. El alfa y el omega, para utilizar dos letras del alfabeto griego, que poco tienen que ver con encuadres teológicos.

Respecto a la sempiterna discusión respecto a si es nuestro campo de estudio uno científico o no, discusión que tendrán que toparse en diversos momentos de su formación académica -eso espero-, los y las invito a darle un viraje a dicha cuestión: los que deben actuar de modo científico son ustedes. ¿A qué me refiero? La psicología no es un dogma, aunque algunos lo presenten así. Es un saber siempre parcial, afectado por momentos históricos particulares. Todo lo que la psicología sabe, al día de hoy, podría perder validez en minutos. Eso que llamamos descubrimientos no son mas que fotografías, siempre a la espera de ser superadas, gracias al cuestionamiento serio, producto de las mentes científicas. Todo lo que aprenderán de hoy en adelante debe ser puesto en duda, continuamente, por ustedes mismos. La duda cartesiana, ese continuo auto-cuestionamiento de lo que consideramos real y/o verdadero deberá acompañarlos de aquí en adelante. Sé bien que algunos eligieron la psicología justo por ese deseo de conocer la verdad, lo cual probablemente los lleve luego a interesarse por la filosofía, tal como me sucedió a mí.

La sociedad espera muchísimo de ustedes. No se vale querer ayudar a los otros si no hemos descubierto en qué aspectos personales requerimos nosotros de ayuda. Nadie puede llevar a nadie a un lugar que no conoce. No sería más que un ciego guiando a otro ciego. La formación psicológica no es solo la adquisición de conocimientos técnicos. Poco importa si terminan dedicándose a la clínica o no -afortunadamente existen muchos ámbitos para los que nuestro conocimiento resulta esencial-. Tendrán que complementar su formación intelectual con una investigación personal, íntima, en la que puedan cerciorarse, entre otras cosas, de las razones reales por las que hoy inician su formación en psicología. Si sus facultades se los solicitan o no, están comprometidos a hacerlo. Si temen estudiar aquello que se encuentra dentro de ustedes, ¿cómo podrán guiar a los que soliciten el día de mañana su pericia profesional?

Se van a topar compañeros docentes maravillosos y a otros no tanto. Descubrirán cursos fascinantes y otros sin mayor sentido, al menos personal. Tendrán que estudiar áreas que probablemente guardan ninguna conexión con sus intereses -se por qué se los digo-. Pónganle atención a todo y a todos. Es que eso es un psicólogo, eso es una psicóloga: alguien que ve más allá de las apariencias. Alguien que aspira a formar en sí mismo una mayor perspectiva de las cosas. El ejercicio de concentrarse en temas que no necesariamente les apasionan les robustecerá su carácter y capacidad de discernimiento, rasgos fundamentales de cualquier profesional en psicología.

En síntesis: bienvenidos. Adelante, no se preocupen por las oportunidades laborales. Siempre habrá trabajo para un buen profesional en psicología, si es que realmente se tomó en serio su formación, comprendió que el título y posterior acreditación no son más que el primer peaje que se atraviesa, en esta larga carretera llamada “sociedad”. Lo mejor, se los aseguro, está por venir… eso espero.

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / Facebook

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