Cómo me autocuré del influjo del celular

Budismo 101: «Todo sufrimiento humano nace de nuestros apegos«. La lógica de ellos, reduciéndola quizás demasiado, es la siguiente: si todo cambia, si absolutamente todo lo que hoy se encuentra en nuestra vida puede desaparecer (algunos elementos incluso sabemos que irremediablemente lo harán), entonces, al apegarnos, nos estamos asegurando, si es que eso desaparece -o muta-, un monto de sufrimiento a futuro. Eso que hoy nos alivia, al desaparecer, nos producirá malestar. ¿Solución? Dos. No apegarnos de aquí en adelante y trabajar en nuestros apegos añejos. ¿Cómo? Aprendiendo a controlar nuestra mente. Y sí, como solía decir el maestro Cantinflas: «ahí está el detalle joven«.

De este lado del mundo, «mente» se confunde con pensamiento intelectual. «Tengo que meterle mente a eso«, decimos con frecuencia. El punto acá es que meterle mente a algo es empezar a crear escenarios imaginarios, unos más irreales que otros, lo cual, a la postre, más que ayudarnos a encontrar una solución, nos sume en estados de desesperación y zozobra. Pero para el budismo, la mente es muchísimo más que eso. Es algo interno y a la vez externo, aún y cuando en conexión total. La mente para ellos es un espacio, de hecho es EL espacio de las posibilidades. En la mente todo se puede, todo está. No conoce límites ni es afecta a la lógica del tiempo lineal. Bueno, al menos eso entiendo. Habría que preguntarle a alguien que sepa mucho de budismo.

En todo caso, nuestra mente fue diseñada para mantenerse equilibrada. La paz, la ecuanimidad, son estados naturales en dicha dimensión. Si no logramos en estos momentos sentir dicho balance, eso quiere decir que estamos colocando nuestra atención en algún punto fuera del presente. Estamos añorando el pasado o angustiados por el futuro. Quizás no somos conscientes de ello. Pero si nos ponemos atención veremos que nuestra mente se está «ocupando» de varias cosas a la vez. Está distraída. No está poniendo atención en el ahora. Y, corriendo el riesgo de sonar anticuado, tengo la impresión de que el teléfono celular no está ayudando mucho al tema de concentrarse en el presente. Cada vez que lo empuñamos nos fugamos del ahora. Ingresamos a un espacio que nos produce toda una paleta de emociones. Algunas son agradables -y por ende se pueden volver adictivas-. Otras de agradables no tienen nada -está científicamente comprobado-.

A mí me encanta la tecnología. Le encuentro un sinnúmero de usos fascinantes. Sin embargo, por alguna mística razón, si no me pongo atención, empiezo a frecuentarla en demasía. Es por eso que les deseo compartir mi fórmula secreta para no invertir más tiempo del necesario: desinstalé de mi celular las aplicaciones de Facebook y correo. En mi Kindle tampoco recibo ni notificaciones ni correos. Cada vez que deseo revisar Facebook o leer mis correos, utilizo mi computadora -la cual nunca cargo cuando salgo de vacaciones-. ¿Qué he ganado con eso? Muchas cosas. Me distraigo menos al conducir. No me controla la loca manía de estar tomando y subiendo fotos de cuanta cosa me topo. Cada vez que estoy socializando carezco del túnel de escape que me ofrecía el celular, incentivándome a poner atención al espacio en el que me encuentro pero, sobre todo, disminuyó exponencialmente la compulsión a estar revisando el celular. Créanme. La sensación de libertad obtenida bien vale la pena. Es más, hasta eliminé la aplicación de Google, ya que en la sección «para ti» insisten en que tiene que llegar a importarme cómo andan la(s) Kardashian con su(s) parejas.

Siempre habrá alguien que por cuestiones laborales no podrá desprenderse del estar «on-line» todo el tiempo y eso lo entiendo. No es mi caso. Y presumo que el de muchas personas tampoco. Pasamos creando explicaciones/justificaciones para alimentar nuestro loco deseo de «ser parte de». ¿Fue fácil los primeros días? No. Fue dificilísimo. Pero al igual que toda desintoxicación, si se aguanta el vendaval inicial -síndrome de abstinencia- luego, con el pasar de los días, se va recobrando un estado de bienestar que quizás ni siquiera recordábamos posible.

Queda claro que esto no es un consejo. No estoy suficientemente viejo como para empezar a aconsejar. Solo quise contarles cómo lo resolví. Ya ustedes sabrán si se motivan… o no.

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / Facebook

2 Comments

  1. Juliette Madrigal

    Me parece muy interesante querer dejar la adiccion q nos hace sentirnos conectados o parte de todos y en todos los lugares, sin perdernos nada, pero creo q si lo hacemos, es por la carencia de disfrutar lo q se vive en el aquí y en el ahora, así q ha buscar q le apasionada y también dejara de necesitar vivir a través de otros y en otros lugares y momentos

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