Carta del día de las madres para mi hija

Cada vez que nos contás que querés ser mamá experimento una sensación totalmente ambivalente: por un lado me encanta la idea de visualizarte ya mujer y criando a tu(s) propi@(s) hij@(s). Por otro no puedo no preocuparme: he conocido a tantas mujeres queriendo ser madres solo porque sí, porque se sienten presionadas, porque la biología les grita desde dentro, porque la sociedad les enseñó a ser madres a toda costa, casi que con quién sea y sin ningún miramiento de hasta qué punto semejante decisión afectará todo lo que les suceda -y no les suceda- de allí en adelante.

Sí. Se que te parece increíble, pero es así. La maternidad, vista como algo que DEBE suceder, incita a muy malas decisiones. La maternidad tendría que surgir del deseo, no del deber. El imperativo de concebir, so modo de complacer a un sistema al que poco le importa la salud de sus miembros, no parece el motivador requerido para semejante punto de inflexión existencial. Se que no exagero si planteo que habrá un antes y un después del momento del alumbramiento. Será mejor que se lo preguntés a mamá. Yo ya te he contado lo que me produjo y me continúa produciendo ser papá. Pero se que no es lo mismo, por muchas razones que irás comprendiendo de camino.

Llevás una gran ventaja: naciste en el siglo XXI. Procedés del cuerpo de una mujer que ha luchado toda su vida por conseguir lo que considera merecido y justo. Tu mamá no ha dejado de ser mujer. Más bien es una mujer que sabe que la maternidad es uno de los aspectos de su vida. Uno fundamental, lo habrás notado. Sin embargo ella es más que una mamá. Cuando la mujer desaparece en su dimensión esencial, sus hijos corren el riesgo de quedar atrapados en una dinámica que no beneficiará a nadie. Quise que tu mamá fuera una mujer 24/7, no una madre mártir ni propensa al sacrificio. Y estoy seguro que no hay nada que a ella le puedan pedir que no haría por vos, excepto dejar de ser quien es. La mamá que dejó de ser mujer podría luego no recordar qué significaba serlo. Y eso es peligroso. Muchas mujeres no lograron superar dicha crisis. Como en el cuento de Hansel y Gretel, llegaron a un punto en el que ya no encuentran las migajas que dejaron en el camino. Querrían devolverse. Es solo que no saben hacia dónde.

La maternidad tendría que venir luego de que hayás logrado alcanzar tus metas personales, ya que cuando sos mamá o papá, lo personal no puede continuar teniendo tanta fuerza. Como suelo decir, ser papá, ser mamá, te tiene que quitar lo egoísta. Las personas egoístas no son buenos padres ni madres. Te podría contar cientos de historias… no viene al caso. Yo te veo realizada profesionalmente, te visualizo habiendo viajado por muchísimos lugares. Te imagino financieramente independiente. Sí, ya se lo que estás pensando. Te imagino como a tu madre. Pero por supuesto!. Ese fue siempre mi plan: permitirte aprender de alguien que lo logró. Tu papá todo lo piensa… varias veces.

“¿Y cómo elegir a la pareja indicada?”, podrías preguntarme. Esa persona no existe. En los veintes pensamos en ciertos rasgos, en los treintas en otros. Tenés que asegurarte que esa persona también se sienta realizada con lo que ha conseguido. Tiene que notarse profesionalmente apasionado, sería mejor que haya viajado muchísimo -y que quiera seguir haciéndolo- y que sea financieramente responsable. Fijáte muy bien en su familia de origen. ¿Qué piensan allí del amor, de la paternidad, de la maternidad? Yo luego te enseñaré a qué aspectos ponerle atención. Tu papá tiene unos cuantos “tips” con los cuales disminuir un poco el riesgo. No busqués a la persona indicada. Esperá a conocer a alguien apto, alguien que no te presione, que te respete, que te admire. Yo aprenderé a quererlo si observo que su trato hacia vos es, al menos, similar al que has observado en tu hogar. No te conformés. Tenés derecho a ser plenamente feliz. Tu mamá y yo volcamos toda nuestra energía en proporcionarte el entorno y herramientas requeridas. Ya nos dirás si lo logramos.

Si algún día querés ser mamá -espero que falten al menos un par de décadas-, tratá de ser como tu mamá y que él sea una mejor versión de tu papá. Ya con eso verás que lo demás se va construyendo de camino.

Desde hoy y si es que algún día sucede y estoy vivo para verlo, feliz día de la madre mi amor. Sos el último eslabón del clan Fernández. La prueba de que lo genético busca evolucionar. Me siento muy orgulloso hoy y se que me sentiré muy orgulloso en el futuro, seas mamá o no.

Tu papá.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *