Las redes, ¿para qué sirven?

Quizá algunos filósofos tenían razón. La realidad no le gusta casi a nadie. Si pudiésemos salirnos de ella, lo haríamos sin dudarlo. Es por esto -y esta es mi opinión personal- que las drogas son tan atractivas para millones de personas. Son un pequeño recreo, químicamente inducido, gracias al cual se logran DES-CONECTAR de su mundo personal.

Ahora, no vine a hablar sobre drogas. Vine a hablar sobre otra estrategia para evitar la realidad: la tecnología y las redes. El tristemente célebre comediante Louis C.K. dijo algo hace unos años que me dejó pensando: la popularidad de la tecnología reside en el miedo que tenemos los humanos a sentirnos solos. ¡¡¡BINGO!!! Un comediante me explicó algo que varios filósofos, psicoanalistas y sociólogos no lograban resolver.

Esas personas que dicen amar la soledad, al preguntarles en qué invierten dicho tiempo, por lo general contestan: “me gusta estar solo para hablar con mis amigos por Skype, revisar facebook, contestar correos, jugar videojuegos y ver televisión“. Conclusión lógica: esta persona no tiene la menor idea de lo que significa estar solo. Confunde la soledad con la ausencia física de seres humanos a su alrededor. Esta persona, siente la soledad, empieza a experimentar un pequeño malestar y, desesperado, contrarresta dicho efecto con cualquier aparato que tenga cerca. Si ama la soledad, no termina uno de entender por qué huye de ella tan pronto siente su proximidad…

Quizás por la especificidad de mi oficio como psicoterapeuta, parto de la siguiente premisa: si querés escucharte internamente (allí donde se encuentran todas las respuestas que andamos buscando), tenés que guardar silencio. Tenés que concentrarte. Tenés que conectarte con vos. Todo aquello que te distraiga, que te haga ruido, que te desconcentre, te impedirá llegar a estados de profundidad mental. Lo repito con frecuencia: “la distracción nos aleja de nuestro ser. La concentración nos acerca“. Si esto fuese así (tiene usted todo el derecho a no estar de acuerdo), entonces, básicamente y sin querer sonar muy sofisticado: estamos jodidos. El fácil acceso a la tecnología y las redes nos ofrece una oportunidad que quizás siempre añoramos: no queremos estar con nosotros (no sabemos cómo). No nos conocemos. No sabemos si, luego de autoconocernos, nos caeremos bien.

Necesitamos que alguien -o algo- me salve de nuestro encuentro con nosotros mismos. ¡¡¡AUXILIO!!! Y, aquí, aparece un aparatico que te dice: “tranquilo, no haga drama. Toque cualquier botón y yo me encargo de que usted pase horas sin siquiera sentir el paso del tiempo“.

¿Y está mal querer distraerse?” No. No está mal. Todos requerimos, de vez en cuando, distraernos. La pregunta no es si está mal o está bien. La pregunta es, ¿distraernos de qué? Ah, casi lo olvido. Me distraje. El título, sí, olvidaba el título de esto. ¿Para qué sirven las redes? Para cazar, para apresar, para sujetar.

Allan Fernández.

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