¿Por qué los “millennials” están tan ansiosos?

Mi consulta enveceje conmigo… quiero decir que en la medida que voy ganando en años, las personas que me visitan también proceden de rangos etarios mayores. Al salir de la facultad, estando yo en mis últimos veintes, solía recibir muchos más adolescentes. Actualmente, al tiempo que me voy moviendo de los cuarentas a los cincuentas, suelo recibir, por lo general, personas en sus treintas. ¿La explicación? Alguien muy joven ya no confiará en mi punto de vista, toda vez que la brecha generacional nos va colocando en perspectivas diferentes. Es que un joven cuyos papás son de mi misma edad asume que pensaré lo mismo que ellos. Quizás sea así, quizás no. Lo que sí es un hecho es que a medida que envejezco me voy volviendo más confiable para personas mayores.

Quise compartir lo anterior para justificar mi interés por el asunto “millennial”. Es una cuestión meramente clínica. Aún y cuando algunos de sus presupuestos me resultan fascinantes y hasta puedo confesar que estoy de acuerdo en varios aspectos con ellos, no habría yo puesto atención en su visión de mundo si no fuera con el fin de comprender cómo puedo ayudarles a vivir una vida menos atribulada.

He observado en ellos dos áreas de sus vidas que les producen mucho ruido: la pareja y el trabajo. Observo un muy extraño miedo a terminar sus días en soledad, el cual no se entiende, sobre todo si tomamos en consideración que no han llegado siquiera a la mitad de una vida promedio. El millennial tiene una extraña relación con la etapa previa a la muerte. Y no deja de resultar paradójico, toda vez que solemos escucharlos evangelizando sobre la importancia de vivir en el presente…

Y lo del trabajo es un verdadero “rollo”. Yo tengo una hipótesis: sienten la obligación de emprender. Es una especie de “peer pressure”, no sé si inconsciente o mediática. No se ve bien para ellos, pareciera, pertenecer a una planilla. Y en ese punto los entiendo perfectamente. Lo que sucede es que al menos a mí no me preocupaba tanto que mi “emprendimiento” fuera validado por los demás. Yo andaba buscando un oficio con el cual sentir que lo que hago tiene sentido y me brindase un modo de vida satisfactorio. ¡Gracias psicología!

Entonces, ¿por qué la están pasando tan mal? Es que creo que no suelen ver las cosas de un modo integral. Quiero decir que respecto a emparejarse solo les interesa la parte agradable. No entienden -o quizás no quieren entender- que sostener una relación toma muchísima energía diaria. Y no me refiero a las tóxicas. A esas, ponerles energía no es más que un desperdicio. Me refiero a las que se trazan un norte plural, sin por esto tener que sacrificar la búsqueda individual de cada miembro. Con el emprendimiento me parece que les sucede lo mismo. Tienen la impresión que volverse emprendedor es simplemente inventar algo “cool” y esperar a que todo el mundo desee sintonizar con la propuesta. Les puedo asegurar que Barrio Escalante cuenta ya con decenas de historias de emprendimientos que simplemente no funcionaron, obligando a sus creadores a devolverse a alguna planilla que los aceptase, presionados por las deudas que contrajeron.

Yo sé que lo que voy a plantear en este momento no será muy motivante -favor fijarse en el nombre de este blog-: emparejarse y emprender no es para todos. Mas allá de las buenas intenciones y la creatividad de muchos, algunos proyectos simplemente no prosperarán. Ustedes saben lo que pienso: el universo no es justo. El universo es lo que es.

Pero entonces“, piensa en este momento alguien que me lee por primera vez, “¿qué propone este viejito? ¿Conformarse? ¿Darse por vencido? ¿Aceptar que Coelho podría no conocer las leyes intrínsecas que gobiernan el cosmos?” Pues no. No creo que conformarse sea un modo útil -y menos aún elegante- de vivir una vida. Darse por vencido suena muy dramático. Debemos aprender a reconocer el momento de las cosas. O mejor aún, reconocer nuestro momento. ¿Queremos una relación estable? Perfecto. ¿Alcanzamos un grado mínimo de estabilidad interna? Si la respuesta es “no”, mejor dediquémonos a otra cosa… a emprender por ejemplo, siempre y cuando entendamos que cada decisión que tomamos es una moneda al aire… algunas veces cae a nuestro favor… algunas veces, no.

Para referirme al conocimiento en cosmología de Paulo Coelho prefiero mencionar al Dr. Freud, al que en su último año de vida le preguntaron, ¿qué era para él una persona sana y socialmente funcional?. ¿Su respuesta? “Amigo mío, cualquier persona capaz de amar y trabajar“. Yo, con todo respeto para el doctor, agregaría: amar(se) y trabajar en algo que nos genere sentido.

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / Facebook

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