Sobre las «psicologías light»

Tiene usted razón, ¿cómo, psicología «light»?. Eso no existe, es una contradicción, un oxímoron. Si la psicología se encarga de indagar y operar en las profundidades del ser humano (psykhé-logos, tratado sobre el alma), ¿cómo entonces comprender algo que apunta hacia lo desconocido, pero se queda en la superficie, en lo «light»?. Pues bien, aunque parezca un sin-sentido, esto sucede. Algunas psicologías se destiñeron, perdieron potencia, se volvieron productoras de slogans vacuos, indulgentes, irresponsables.

En esta sociedad actual lo «light» es más atractivo que lo original. Buscamos, a toda costa, la solución rápida, el atajo, lo instantáneo. ¿O alguno de ustedes confunde el sabor del café con el del café instantáneo? De ser así, sería importante tomar parte del aguinaldo y practicarse un TAC. Si su cerebro confunde dos experiencias tan disímiles, probablemente confunda muchas cosas más. Lo mismo sucede con las bebidas carbonatadas. Todos, sin necesidad de haber estudiado un cuatrimestre de nutrición, sabemos que ingerirlas resulta dañino. Punto. No hay nada benéfico en consumir gaseosas. Pero no. En lugar de erradicar una práctica que atenta contra nuestra salud (colmo del impulso autodestructivo), buscamos una solución «alterna». Asumimos dañarnos pero a menor escala, lo cual es cuestionable, ya que sabemos que los edulcorantes utilizados pueden llegar incluso a resultar cancerígenos. ¿Y qué me dicen de esta nueva MODA para dejar de fumar? El famoso vaporizador. Nadie en su sano juicio pensaría que sustituir uno por otro ayudará en dominar un vicio tan agresivo como el tabaquismo. Sin embargo, en términos de autoengaño, el ser humano ha alcanzado niveles estratosféricos.

Mi profesión no logró resistirse a esta tendencia. Quería ser una ciencia, pero prefirió fusionarse con lo «trendy». Las frases de autoafirmación, las visualizaciones y los conjuros para seducir al universo a conspirar a nuestro favor se volvieron fórmulas pseudo-psicológicas. No dudo que existan colegas actualmente haciendo co-terapia con hordas de benevolentes ángeles. Y no voy hoy a referirme a ese arroz con mango en el que la psicoterapia termina fundiéndose con versículos bíblicos y mantrams orientales. Todo está tan trastocado en estos momentos que hablar sobre sexualidad con nuestros jóvenes está mal visto, al tiempo que seguimos instrucciones de un libro «dictado» por entidades sobrenaturales. Y no, no -solo- me refiero a la biblia. Me refiero al famoso texto «la ley de la atracción», el cual vino a contestarle a millones de personas por qué les va tan mal en la vida y cómo deben redirigir sus energías para alcanzar aquello que desean.

Alguien en este momento piensa: «y ¿qué importa si la gente cree o confía en estas cosas?«. En realidad sí importa. En primer lugar importa ya que las personas, deseosas de encontrar respuestas a sus dudas, están dispuestas a confiar en cualquiera que les ofrezca dichas claves. Se vuelven víctimas en potencia. Los escándalos de numerosos evangelistas no deberían permitirnos olvidar que casi cualquiera con buena memoria, un micrófono y un grado suficiente de sociopatía levanta un templo en tres días y un jugoso negocio para sí mismo.

También importa, ya que en estos «crossovers» en los que no queda claro dónde terminó la psicología y dónde continuó lo pseudocientífico, le hacen creer a las personas que la psicología es eso. Si la psicología no ha logrado ser reconocida en tanto ciencia, es precisamente por estos descuidos epistemológicos. El problema no es el eclecticismo, sino la falta de rigurosidad y honradez científica.

Recibo en consulta a muchas personas, abatidas por la frustración experimentada al comprobar que el edicto «carpe diem» no es fácil de poner en práctica. Y es que todos queremos estar en el presente, generar la mejor impresión posible de nosotros mismos. Todos desearíamos constatar cómo el cielo es el límite, ya nadie necesita convencernos que amar es una decisión y que la actitud es, en algunos casos -no en todos- más importante que la aptitud. Lo que no nos dijeron esos motivadores contemporáneos, es que dichas frases sólo pueden ser realmente internalizadas si trabajamos diariamente en ellas -probablemente ya que algunos de ellos, o no lo saben o no lo han conseguido-. Esa aplicación celular con frases positivas que usted lee todas las mañanas no es más que eso: una aplicación. Conocer su interior requiere de mucho más.

La plenitud está reservada para el que se toma a sí mismo en serio, el que se trabaja, el que reconoce su ignorancia, el que comprendió que una vida humana no será suficiente para llegar a todos los rincones de nuestra mente. Pero valdría la pena empezar pronto.

Espero que hoy sea un buen día para usted y para mí. Quizás lo sea. Quizás no. Si lo es, disfrutémoslo. Si no lo es, recordemos que la existencia es una mezcla de buenas y no tan buenas anécdotas.

Allan Fernández, Psicólogo Clínico / Facebook / el otro blog

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